No pudo permitírselo. Y ese fue su peor error.
Ojalá, algún día alguien pueda hacerlo por el y permitirse brillar tal y como lo hubiera hecho.
sábado, 30 de noviembre de 2013
domingo, 24 de noviembre de 2013
No se trata de sobrevivir sino de vivir. La vida es eso que pasa mientras él esta estancado en si mismo, es eso que sucede en la calle, cosas buenas y cosas malas, la vida es aquello que lastima y salva, lo que te hace recordar momentos y situaciones y al mismo tiempo, no querés saber nada.
El día que se dio cuenta que sobrevivir no es lo mismo que vivir, dejó de mirar su ombligo y salio a la calle, desgastando sus jeans, sus zapatillas, sus manos, su honor. Pensó que nunca tendría la oportunidad de vivir su propia aventura y sin embargo lo hizo, pensó que nunca se iba a enamorar y un verano vivió la historia más apasionada de todas junto a una joven que nunca más volvió a ver.
Pero se cayó. Fuerte. Casi como si hubieran roto el frágil cristal que lo dividía del mundo real. Se prometió a si mismo no volver a salir de su caparazón, a no sufrir, pero... ¿Cómo se puede estar fuera de todo ese mundo maravilloso que había construido? una parte de él la quería de vuelta, otra quería quedarse en la comodidad de su habitación escuchando con oídos sordos la música, mirando sin mirar, congelando su corazón hasta que solo quedar aun hueco. Lo vio todo luego de que su felicidad se esfumó, y debió haber sabido que en realidad, no todo es lo que parece, ella no volvería, ni sus recuerdos tampoco. Su optimismo ciego se derrumbó cuando se dio cuenta que la gente te da amor y luego te lo saca sin mas. No lo entendió.
Quería de vuelta la vida que se le había derrumbado, paso por paso. Día por día. acontecimiento por acontecimiento.
Y de repente...
de repente...
Supo cual era su lugar.
jueves, 22 de agosto de 2013
Después de dos veranos se dio cuenta que en realidad, sus ojos no eran tan negros y profundos ni sus besos sabían tan deliciosos como se suponía que debían ser. Estaba sumergida en sus aires de señor y en su supuesta perfección, en lo que, se suponía, debía ser un cuento feliz. Pero las cosas fallaron por tres razones, por el efecto de la melancolía, por su incredulidad, y por necesidad de ser amada.
Él la tenía y lo sabía, después de su largo viaje buscándose a sí mismo volvió, solo y para jugar con ella nuevamente. Fue a buscar lo que quedaba de ella a su casa con la intención de ser cruelmente honesto, para revivir la esperanza vacía que emanaba de su corazón y finalmente, para retorcerla y contarla en pedazos. Lo lamentó. Y se presume que lo lamenta más que cualquier cosa que haya hecho jamás.
Divinas danzas en la playa y charlas innecesarias empezaron por lo que sería el principio y el fin de la relación con la persona más problemática y bipolar que haya visto jamás. Estaba decidida a que lo quería solo para ella, sentenciándose a si misma a la desilusión cuando sus labios se posaron en los del muchacho sin inmutarse, sin compartir un beso sincero, fue vacío, asqueroso e insensible.
Dos veranos después de ese beso, se dio cuenta que los besos vacíos son justamente eso... vacíos. Después de probar otros, y de saber de que se trataba realmente el amor, su príncipe azul no era un príncipe, había sido el ogro que la había atado durante años a fantasías y promesas sin cumplir, que, mientras tanto, a ciegas, había alguien esperando ocupar su lugar, que la llenaría de felicidad.
Entonces ahí entendió todo: Ni divinas promesas, ni ojos preciosos, ni besos profundos. El no era nada de lo que había imaginado. El era solamente una súplica fantasmal de su pasado que le repetía una y otra vez "no volveré a cometer el mismo error", mientras el chico, desesperadamente le pedía "Por favor, acordate de lo que pasó en diciembre".
miércoles, 27 de marzo de 2013
Tenía catorce años cuando sucedió. La pelea consigo misma y con su alrededor no
cesaba, era tan intensa que deseaba que
llegue la hora de dormir para protegerse en su cama y que con ella desaparecieran
todos sus problemas, todas las personas con las que peleaba, todos los
conflictos con su interior, todas las penas que llevaba su alma.
No podía entender porqué le sucedía eso, que había hecho
mal, de que alimentaría su alegría si todo seguía siendo tan jodidamente lineal
como hasta ese momento. Habían gritos, puteadas, reproches, culpas, golpes,
cortes y todos eran dirigidos hacia ella por su burdo comportamiento hostil,
por su desobediencia y sobre todo, por ser diferente a los demás. Ellos no la
entendían, no se molestaban en pensar que alguna vez podría haber sentido algo
de temor por su vida, atentar consigo misma, quizás, solo quizás, por eso le
tenía tanto miedo a las cosas punzantes. Un paso en falso y ¡PLAF!, se acabó
todo.
Cada día era una historia similar, iba al colegio, no
hablaba con casi nadie, volvía a casa para escuchar los reproches de su madre y
los alardes de sus hermanos, pero desde luego, que esa situación se
desarrollara tan bruscamente la hacía sentirse una hormiguita, pequeña y
frágil, a punto de ser pisada.
Entonces, un día intentando escapar de las emociones la
escuchó: una melodía simple que fraseaba palabras sabias “Just tell yourself I’ll
be OK”, se concentró en esas palabras y las tomo como nota mental, guardándolas
en lo más profundo de su mente. Comprendió entonces, que cada vez que se
sintiera desanimada solo tenía que repetir esa frase. Finalmente entendió, esa
banda había salvado a su alma.
I’ll be ok – McFLY.
viernes, 15 de marzo de 2013
Algo en sus ojos la hacían volverse todo el tiempo mirar sus manos, aún más cuando le pidió si podía concederle un baile sin música en el medio del estacionamiento. Ella sonrió y aceptó. Tomó su mano y se dejó llevar por los movimientos del jóven que estaba abrazado a su cintura.
En ese momento, ella tomó una imagen mental y la capturó en su retina para quedarse con ese recuerdo y archivarlo en el fondo de su memoria. Se sentía tan bien, viva, resplandecía entre la oscuridad del estacionamiento del cine. Tan bien se sentía que creía que ni la peor tormenta podría destruir ese momento maravilloso.
Algo en la manera en la que se reía, le recordaba esas brisas frescas del otoño inmediatamente después que soplaba una ola de calor inmensa, ese frescor tan calmo y reconfortante que la hacía querer salir en remera a la calle solo para disfrutarlo. Danzaban despacio, quería quedarse allí por siempre, estaba dispuesta a hacerlo, de no ser porque simplemente el baile terminó y él soltó su cintura para depositar un beso tímido en su frente haciéndole saber que el tiempo había terminado y que debía devolverla a casa.
Algo en su manera de conducir, la hacia sentir segura, no solo por el hecho de que respetaba cada regla de tránsito, sino porque también siempre se ofrecía llevarla a casa.
Algo en su ser, hizo que al detener la marcha en frente de su casa, ella se estirara y lo besara en la boca como nunca antes lo había hecho. Fue rápido, silencioso y algo mágico. Sin decir una sola palabra, bajó del coche y entro corriendo a su hogar. Cerró la puerta detrás de ella y se sentó en la escalera.
A partir de ese momento, comenzaría algo nuevo.
lunes, 18 de febrero de 2013
El sonido del auto en marcha parecía zumbarle en los oídos tras cuatro horas de ruta interminable, su destino era prácticamente incierto ya que era demasiado pequeña para comprender que era lo que realmente estaba pasando. Quiso concentrarse en cualquier cosa sin éxito, estaba tan perdida que creía que nunca más tendría un pensamiento felíz. Entonces lo vio.
Cositas que danzaban de un lado al otro sin ocupar ningún espacio en particular iban y venían frente a su nariz como si siempre hubieran estado allí y ella nunca se hubiera percatado de su existencia. Bailaban al son del movimiento del coche, iban y volvían caprichosamente, mezclándose entre ellas y volviendo a separarse para formar un gran espiral de color y magia. ¿Cómo es posible que no haya visto antes semejante obra de arte? ¿Era ella? ¿Cómo algo tan simple pudo haberse transformado de la nada en algo maravillosamente abrazador? De repente sintió que nadie mas estaba apreciando la belleza que contemplaba esa noche de cielo estrellado. Se detuvo a mirar una vez más, comprobando que cada vez que veía, todo era más claro entre parpadeo y parpadeo.
Entonces se echó para atrás con un resoplido de frustración porque no podía ser parte del espectáculo, solo podía contemplarlo desde la ventanilla del auto.
Frente a ella había aparecido algo mágico y abrumador: El universo sobre su nariz, las estrellas danzando de un lado al otro, el auto en movimiento, las luces lejanas de la ciudad.
Sueño profundo. Oscuridad. Ruido del auto. Estrella fugaz. Universo eterno, maravilloso. Por siempre grabado en su mente.
Cositas que danzaban de un lado al otro sin ocupar ningún espacio en particular iban y venían frente a su nariz como si siempre hubieran estado allí y ella nunca se hubiera percatado de su existencia. Bailaban al son del movimiento del coche, iban y volvían caprichosamente, mezclándose entre ellas y volviendo a separarse para formar un gran espiral de color y magia. ¿Cómo es posible que no haya visto antes semejante obra de arte? ¿Era ella? ¿Cómo algo tan simple pudo haberse transformado de la nada en algo maravillosamente abrazador? De repente sintió que nadie mas estaba apreciando la belleza que contemplaba esa noche de cielo estrellado. Se detuvo a mirar una vez más, comprobando que cada vez que veía, todo era más claro entre parpadeo y parpadeo.
Entonces se echó para atrás con un resoplido de frustración porque no podía ser parte del espectáculo, solo podía contemplarlo desde la ventanilla del auto.
Frente a ella había aparecido algo mágico y abrumador: El universo sobre su nariz, las estrellas danzando de un lado al otro, el auto en movimiento, las luces lejanas de la ciudad.
Sueño profundo. Oscuridad. Ruido del auto. Estrella fugaz. Universo eterno, maravilloso. Por siempre grabado en su mente.
miércoles, 23 de enero de 2013
Así empezó el efecto extravagante y a la vez elegante de engancharse de su perfume de Carolina Herrera y de su singular manera de hablar. Se dio cuenta en un café sobre la calle Corrientes, justo después de haber pasado un día a su lado sin dejar de mirarla sin pausas, sin dejar de sostener su delicada mano derecha.
Ella no se daba cuenta lo reconfortarle que se sentía cuando tiraba su pelo para atrás y reía como una niña pequeña, lo cálidos que le resultaban sus abrazos y lo abrumador que era su carácter Pero ahí estaba, sentado en un bar carísimo y de alta gama junto a una chica que no paraba de hablar y agitar las manos en señal de una clara expresión corporal para que el chico pudiera entender su relato; pero claro, él lejos de prestar atención a su anécdota, le prestaba atención a sus ojos, como los revoleaba de un lado al otro en busca de algún no-se-que que la sorprendiera.
Le parecía sorprendente que ella lo encontrara gracioso porque nunca antes lo habían hecho, y sin hacer ningún gesto en particular se preguntó si en algún momento podría haber pensado en la posibilidad de que lo que le sucedía era real. Y era tan real que tenía miedo.
Pero ese día en el café se dio cuenta de lo que temía. Se había enamorado profundamente de esa mujer.
Ella no se daba cuenta lo reconfortarle que se sentía cuando tiraba su pelo para atrás y reía como una niña pequeña, lo cálidos que le resultaban sus abrazos y lo abrumador que era su carácter Pero ahí estaba, sentado en un bar carísimo y de alta gama junto a una chica que no paraba de hablar y agitar las manos en señal de una clara expresión corporal para que el chico pudiera entender su relato; pero claro, él lejos de prestar atención a su anécdota, le prestaba atención a sus ojos, como los revoleaba de un lado al otro en busca de algún no-se-que que la sorprendiera.
Le parecía sorprendente que ella lo encontrara gracioso porque nunca antes lo habían hecho, y sin hacer ningún gesto en particular se preguntó si en algún momento podría haber pensado en la posibilidad de que lo que le sucedía era real. Y era tan real que tenía miedo.
Pero ese día en el café se dio cuenta de lo que temía. Se había enamorado profundamente de esa mujer.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)