miércoles, 27 de marzo de 2013


Tenía catorce años cuando sucedió.  La pelea consigo misma y con su alrededor no cesaba, era tan intensa que  deseaba que llegue la hora de dormir para protegerse en su cama y que con ella desaparecieran todos sus problemas, todas las personas con las que peleaba, todos los conflictos con su interior, todas las penas que llevaba su alma.

No podía entender porqué le sucedía eso, que había hecho mal, de que alimentaría su alegría si todo seguía siendo tan jodidamente lineal como hasta ese momento. Habían gritos, puteadas, reproches, culpas, golpes, cortes y todos eran dirigidos hacia ella por su burdo comportamiento hostil, por su desobediencia y sobre todo, por ser diferente a los demás. Ellos no la entendían, no se molestaban en pensar que alguna vez podría haber sentido algo de temor por su vida, atentar consigo misma, quizás, solo quizás, por eso le tenía tanto miedo a las cosas punzantes. Un paso en falso y ¡PLAF!, se acabó todo.

Cada día era una historia similar, iba al colegio, no hablaba con casi nadie, volvía a casa para escuchar los reproches de su madre y los alardes de sus hermanos, pero desde luego, que esa situación se desarrollara tan bruscamente la hacía sentirse una hormiguita, pequeña y frágil, a punto de ser pisada.

Entonces, un día intentando escapar de las emociones la escuchó: una melodía simple que fraseaba palabras sabias “Just tell yourself I’ll be OK”, se concentró en esas palabras y las tomo como nota mental, guardándolas en lo más profundo de su mente. Comprendió entonces, que cada vez que se sintiera desanimada solo tenía que repetir esa frase. Finalmente entendió, esa banda había salvado a su alma.


I’ll be ok – McFLY.

viernes, 15 de marzo de 2013

Algo en sus ojos la hacían volverse todo el tiempo mirar sus manos, aún más cuando le pidió si podía concederle un baile sin música en el medio del estacionamiento. Ella sonrió y aceptó. Tomó su mano y se dejó llevar por los movimientos del jóven que estaba abrazado a su cintura.
En ese momento, ella tomó una imagen mental y la capturó en su retina para quedarse con ese recuerdo y archivarlo en el fondo de su memoria. Se sentía tan bien, viva, resplandecía entre la oscuridad del estacionamiento del cine. Tan bien se sentía que creía que ni la peor tormenta podría destruir ese momento maravilloso.

Algo en la manera en la que se reía, le recordaba esas brisas frescas del otoño inmediatamente después que soplaba una ola de calor inmensa, ese frescor tan calmo y reconfortante que la hacía querer salir en remera a la calle solo para disfrutarlo. Danzaban despacio, quería quedarse allí por siempre, estaba dispuesta a hacerlo, de no ser porque simplemente el baile terminó y él soltó su cintura para depositar un beso tímido en su frente haciéndole saber que el tiempo había terminado y que debía devolverla a casa.

Algo en su manera de conducir, la hacia sentir segura, no solo por el hecho de que respetaba cada regla de tránsito, sino porque también siempre se ofrecía llevarla a casa.

Algo en su ser, hizo que al detener la marcha en frente de su casa, ella se estirara y lo besara en la boca como nunca antes lo había hecho. Fue rápido, silencioso y algo mágico. Sin decir una sola palabra, bajó del coche y entro corriendo a su hogar. Cerró la puerta detrás de ella y se sentó en la escalera. 
A partir de ese momento, comenzaría algo nuevo.