En ese momento, ella tomó una imagen mental y la capturó en su retina para quedarse con ese recuerdo y archivarlo en el fondo de su memoria. Se sentía tan bien, viva, resplandecía entre la oscuridad del estacionamiento del cine. Tan bien se sentía que creía que ni la peor tormenta podría destruir ese momento maravilloso.
Algo en la manera en la que se reía, le recordaba esas brisas frescas del otoño inmediatamente después que soplaba una ola de calor inmensa, ese frescor tan calmo y reconfortante que la hacía querer salir en remera a la calle solo para disfrutarlo. Danzaban despacio, quería quedarse allí por siempre, estaba dispuesta a hacerlo, de no ser porque simplemente el baile terminó y él soltó su cintura para depositar un beso tímido en su frente haciéndole saber que el tiempo había terminado y que debía devolverla a casa.
Algo en su manera de conducir, la hacia sentir segura, no solo por el hecho de que respetaba cada regla de tránsito, sino porque también siempre se ofrecía llevarla a casa.
Algo en su ser, hizo que al detener la marcha en frente de su casa, ella se estirara y lo besara en la boca como nunca antes lo había hecho. Fue rápido, silencioso y algo mágico. Sin decir una sola palabra, bajó del coche y entro corriendo a su hogar. Cerró la puerta detrás de ella y se sentó en la escalera.
A partir de ese momento, comenzaría algo nuevo.
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