Así empezó el efecto extravagante y a la vez elegante de engancharse de su perfume de Carolina Herrera y de su singular manera de hablar. Se dio cuenta en un café sobre la calle Corrientes, justo después de haber pasado un día a su lado sin dejar de mirarla sin pausas, sin dejar de sostener su delicada mano derecha.
Ella no se daba cuenta lo reconfortarle que se sentía cuando tiraba su pelo para atrás y reía como una niña pequeña, lo cálidos que le resultaban sus abrazos y lo abrumador que era su carácter Pero ahí estaba, sentado en un bar carísimo y de alta gama junto a una chica que no paraba de hablar y agitar las manos en señal de una clara expresión corporal para que el chico pudiera entender su relato; pero claro, él lejos de prestar atención a su anécdota, le prestaba atención a sus ojos, como los revoleaba de un lado al otro en busca de algún no-se-que que la sorprendiera.
Le parecía sorprendente que ella lo encontrara gracioso porque nunca antes lo habían hecho, y sin hacer ningún gesto en particular se preguntó si en algún momento podría haber pensado en la posibilidad de que lo que le sucedía era real. Y era tan real que tenía miedo.
Pero ese día en el café se dio cuenta de lo que temía. Se había enamorado profundamente de esa mujer.
Me encanta como escribis! :)
ResponderEliminarOhhh, ¡muchas gracias! En breve estaré subiendo más. Es muy importante para mi que la gente lea y me de una devolución. Así como también si deseas aportar al blog, podés hacerlo.
ResponderEliminar¡Gracias por leer!
Cuando alguien te llega con lo que escribe hay que hacérselo saber. Te dejo mi blog, si queres pasate :)
ResponderEliminarhttp://aymiconejopepito.blogspot.com.ar/
Buenisimo, gracias !
Eliminar